March 09, 2012
Ese baile...
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February 22, 2012
El estornudo asesino
Esta es la historia de dos líneas paralelas a las que llamaremos A y B. A y B son dos nombres ficticios y elegidos aleatoriamente dado que ambas líneas podrían haberse llamado P y Q, X e Y (nombres más comunes en el ámbito incógnito) o V y W (lo que las habría convertido en redundantes y ligeramente aliterantes).
La línea A representa un proceso catarral que viene de lejos (la infinitud de la línea es una de sus características) y la línea B representa el crecimiento constante y uniforme de un cabello humano cualquiera mecido arbitrariamente por un cierzo huracanado (otra infinitud absoluta).
La línea A, paralela a la línea B por naturaleza y definición, está destinada a no cruzarse nunca con la línea B, al igual que la línea B, paralela a la línea A por naturaleza y definición está destinada a mantener siempre la misma prudencial distancia respecto a la línea A.
Si la línea A, caso poco frecuente pero que a veces ocurre, la naturaleza tiene sus propios mecanismos que se nos escapan; si la línea A decía, que discurre por un plano superior y paralelo a la línea B, sufre, como sucedió ayer por la tarde, una alteración en su campo magnético que la desvía hacia abajo ejerciendo una presión solamente perceptible con sofisticados instrumentos de medición, esta, la línea A, se mueve de su trayectoria inicial aproximándose, en dimensiones no perceptibles para el ojo humano, pero aproximándose al fin y al cabo a la línea B.
Si la línea B a su vez, caso poco frecuente pero que a veces se da, la naturaleza no deja nunca de sorprendernos; si la línea B decía, que discurre por un plano inferior y paralelo a la línea A, sufre, como sucedió ayer por la tarde, una alteración en su campo magnético que la desvía hacia arriba ejerciendo un empuje solamente mensurable con instrumentos más que precisos, esta, la línea B se aleja de su trayectoria inicial aproximándose, en dimensiones no perceptibles para el ojo humano, pero aproximándose al fin y al cabo a la línea A.
La colisión entre ambas líneas se producirá tarde o temprano, de eso no hay duda. O sería mejor decir que la colisión ya se ha producido.
A las 18:00h de hoy he tomado asiento en el confortable sillón de la peluquería dispuesto a que el fino estilista que doma mis cabellos procediera a hacer uso de la tijera con su habitual maestría.
—Parece que has elegido catarro— me ha dicho cuando llevaba diez minutos cortando de aquí y de allá.
—Puf, creo que lo elegí ayer por la tarde.— Le he respondido entrecortadamente. —Aunque creo que más bien me ha elegido él a mí.
Durante los siguientes cinco minutos sólo se ha oído el «ras, ras» de las tijeras y el «frish, frish» del peine surcando mi melena.
Precavido como es uno yo solo respiraba por la boca, que me conozco y me doy miedo. Pero la geometría es lo que tiene, que no se puede luchar contra ella y que si dos líneas se empeñan en dejar de ser paralelas en algún momento se encontrarán.
—Nacho espera, que voy a... ¡¡¡Aaachísss!!!
Tres horas llevo en la sala de espera de urgencias. Dice el médico que no es la primera vez que llaga alguien en mi estado, y que todavía no se ha muerto nadie por llevar una tijera clavada en el pómulo derecho. Así que paciencia. Lo que peor me sabe es que hoy no hay ni la mitad de cierzo que había cuando pedí hora.
Posted @ 22:52 by La línea A representa un proceso catarral que viene de lejos (la infinitud de la línea es una de sus características) y la línea B representa el crecimiento constante y uniforme de un cabello humano cualquiera mecido arbitrariamente por un cierzo huracanado (otra infinitud absoluta).
La línea A, paralela a la línea B por naturaleza y definición, está destinada a no cruzarse nunca con la línea B, al igual que la línea B, paralela a la línea A por naturaleza y definición está destinada a mantener siempre la misma prudencial distancia respecto a la línea A.
Si la línea A, caso poco frecuente pero que a veces ocurre, la naturaleza tiene sus propios mecanismos que se nos escapan; si la línea A decía, que discurre por un plano superior y paralelo a la línea B, sufre, como sucedió ayer por la tarde, una alteración en su campo magnético que la desvía hacia abajo ejerciendo una presión solamente perceptible con sofisticados instrumentos de medición, esta, la línea A, se mueve de su trayectoria inicial aproximándose, en dimensiones no perceptibles para el ojo humano, pero aproximándose al fin y al cabo a la línea B.
Si la línea B a su vez, caso poco frecuente pero que a veces se da, la naturaleza no deja nunca de sorprendernos; si la línea B decía, que discurre por un plano inferior y paralelo a la línea A, sufre, como sucedió ayer por la tarde, una alteración en su campo magnético que la desvía hacia arriba ejerciendo un empuje solamente mensurable con instrumentos más que precisos, esta, la línea B se aleja de su trayectoria inicial aproximándose, en dimensiones no perceptibles para el ojo humano, pero aproximándose al fin y al cabo a la línea A.
La colisión entre ambas líneas se producirá tarde o temprano, de eso no hay duda. O sería mejor decir que la colisión ya se ha producido.
A las 18:00h de hoy he tomado asiento en el confortable sillón de la peluquería dispuesto a que el fino estilista que doma mis cabellos procediera a hacer uso de la tijera con su habitual maestría.
—Parece que has elegido catarro— me ha dicho cuando llevaba diez minutos cortando de aquí y de allá.
—Puf, creo que lo elegí ayer por la tarde.— Le he respondido entrecortadamente. —Aunque creo que más bien me ha elegido él a mí.
Durante los siguientes cinco minutos sólo se ha oído el «ras, ras» de las tijeras y el «frish, frish» del peine surcando mi melena.
Precavido como es uno yo solo respiraba por la boca, que me conozco y me doy miedo. Pero la geometría es lo que tiene, que no se puede luchar contra ella y que si dos líneas se empeñan en dejar de ser paralelas en algún momento se encontrarán.
—Nacho espera, que voy a... ¡¡¡Aaachísss!!!
Tres horas llevo en la sala de espera de urgencias. Dice el médico que no es la primera vez que llaga alguien en mi estado, y que todavía no se ha muerto nadie por llevar una tijera clavada en el pómulo derecho. Así que paciencia. Lo que peor me sabe es que hoy no hay ni la mitad de cierzo que había cuando pedí hora.
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February 08, 2012
Tres de una tacada
A veces me apetece leer y leo. La oración anterior puede parecer una tontería dicha así, fuera de contexto, pero es que hay otras veces que me apetece leer y no leo. Podemos decir que la lectura se bifurca en sentido afirmativo o negativo. A veces me apetece leer y leo; a veces me apetece leer y no leo, duermo. Cuando se da el sueño coinciden mi culpa y la del libro o del autor de dicho libro, que no incluye, ni el libro ni el autor, situaciones lo suficientemente emocionantes para sacarme del sopor en el que a menudo me veo inmerso. Pero de culpas, sueños y faltas de emociones hablaremos otro día.
Hoy toca hablar de esas cada vez más raras temporadas en que me apetece leer y leo. En las que me bifurco hacia el sí. La última tuvo lugar a principio de año, del 9 al 21 de enero para ser exactos, en la que me leí tres libros casi sin darme cuenta.
Empecé con La dama de la furgoneta, de Alan Bennett. Miss Shepherd, una excéntrica de verdad, vive en una furgoneta que aparca en la calle, como los que pernoctan en un cajero de La Caixa, pero con ruedas, que si un día te apetece ir a dar una vuelta a ver quién mueve un cajero con lo que pesan. Pero ya sabéis lo que pasa en estos casos, siempre está el típico gracioso que te raya la furgoneta, te rompe los cristales, te pincha las ruedas... hasta que el narrador de la obra se harta de que sus vecinos importunen a la dama y le ofrece aparcar su Bedford en el interior de su jardín. A partir de ahí se establece una peculiar relación entre ellos, con sus discusiones y sus complicidades, sus sillas de ruedas, sus olores agrios y su whisky para darse friegas, que se nos irá desgranando a lo largo de todo el libro.
Aquel viernes 13, mala suerte para los supersticiosos anglófilos, me tocó estar de guardia en la biblioteca. Esos viernes sin recreo si no tengo que poner orden, aprovecho para revisar las estanterías, abrir libros y leer solapas. En la estantería de las novedades descubrí Los libros errantes, del que me llamó la atención sobre todo la portada. Un hombre de pie en el muelle de un puerto ve alejarse un barco mientras en su mano izquierda sostiene una maleta con forma de libro. Me lo autopresté. Felipe Benítez Reyes en este ensayo breve sobre los libros nos habla de la importancia de la lectura (y por tanto de la escritura).
Estaba lanzado literariamente hablando. Normalmente el día siguiente a terminar un libro me lo tomo de descanso, para que se asiente la lectura y no se mezclen los personajes en mi cabeza. Pero me apetecía tanto leer y tenía tan poco sueño que me subí a la cama y saqué de la estantería-de-los-libros-que-sólo-recogen-polvo el Mujer mirando al mar de Ricardo Gómez. Un escritor compra en un rastro una carpeta roja llena de papeles que contienen un poema y a partir de ese hallazgo el autor se embarca en la aventura de reconstruirla vida de la autora del poema, sospecha que es una mujer y el texto autobiográfico, y también la historia que en el se cuenta. Asistimos a lo largo de todo el libro al fascinante proceso de creación de una novela: de dónde surge la inspiración, la investigación previa a la escritura, la creación de los personajes, el momento en que la ficción se separa de la realidad y la historia cobra su vida propia. Y en el fondo de la carpeta roja, la historia de amor de Elena y Pablo y el mar. Pura literatura. Metaliteratura de la buena.
Posted @ 21:03 by Hoy toca hablar de esas cada vez más raras temporadas en que me apetece leer y leo. En las que me bifurco hacia el sí. La última tuvo lugar a principio de año, del 9 al 21 de enero para ser exactos, en la que me leí tres libros casi sin darme cuenta.
Empecé con La dama de la furgoneta, de Alan Bennett. Miss Shepherd, una excéntrica de verdad, vive en una furgoneta que aparca en la calle, como los que pernoctan en un cajero de La Caixa, pero con ruedas, que si un día te apetece ir a dar una vuelta a ver quién mueve un cajero con lo que pesan. Pero ya sabéis lo que pasa en estos casos, siempre está el típico gracioso que te raya la furgoneta, te rompe los cristales, te pincha las ruedas... hasta que el narrador de la obra se harta de que sus vecinos importunen a la dama y le ofrece aparcar su Bedford en el interior de su jardín. A partir de ahí se establece una peculiar relación entre ellos, con sus discusiones y sus complicidades, sus sillas de ruedas, sus olores agrios y su whisky para darse friegas, que se nos irá desgranando a lo largo de todo el libro.
Aquel viernes 13, mala suerte para los supersticiosos anglófilos, me tocó estar de guardia en la biblioteca. Esos viernes sin recreo si no tengo que poner orden, aprovecho para revisar las estanterías, abrir libros y leer solapas. En la estantería de las novedades descubrí Los libros errantes, del que me llamó la atención sobre todo la portada. Un hombre de pie en el muelle de un puerto ve alejarse un barco mientras en su mano izquierda sostiene una maleta con forma de libro. Me lo autopresté. Felipe Benítez Reyes en este ensayo breve sobre los libros nos habla de la importancia de la lectura (y por tanto de la escritura).Porque los libros no son el mundo, de acuerdo. No son la vida. Pero, ¿qué, sino los libros, nos explican el mundo; qué, sino ellos, intensifican la vida?Aún no lo he devuelto.
Estaba lanzado literariamente hablando. Normalmente el día siguiente a terminar un libro me lo tomo de descanso, para que se asiente la lectura y no se mezclen los personajes en mi cabeza. Pero me apetecía tanto leer y tenía tan poco sueño que me subí a la cama y saqué de la estantería-de-los-libros-que-sólo-recogen-polvo el Mujer mirando al mar de Ricardo Gómez. Un escritor compra en un rastro una carpeta roja llena de papeles que contienen un poema y a partir de ese hallazgo el autor se embarca en la aventura de reconstruirla vida de la autora del poema, sospecha que es una mujer y el texto autobiográfico, y también la historia que en el se cuenta. Asistimos a lo largo de todo el libro al fascinante proceso de creación de una novela: de dónde surge la inspiración, la investigación previa a la escritura, la creación de los personajes, el momento en que la ficción se separa de la realidad y la historia cobra su vida propia. Y en el fondo de la carpeta roja, la historia de amor de Elena y Pablo y el mar. Pura literatura. Metaliteratura de la buena.ENTRADAS RELACIONADAS:
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January 31, 2012
Inimitables
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January 27, 2012
Bacon, queso, huevo, tomate
Los detalles son muy importantes en la cocina. Viernes por la tarde ya casi de noche.
— ¿Dónde vamos? ¿A la filmo?
— No, mejor vamos a picar algo a un bar de estos de abajo.
— Venga, pues, vámonos.
Asomamos el bigote al de las cuatro cosas: gambas, mejillones, navajas y morcilla. La mezcla no está mal, pero el local, muy blanco, y los ventanales enormes nos echan para atrás. No es cuestión de que todo el que suba o baje por el paseo vea cómo te chupas los dedos o cómo lames las conchas del mejillón hasta dejarlas secas. Cambiamos de acera. La Cervecería de la Plaza es un local amplio, luminoso, con muchas mesas, todas menos una vacías cuando llegamos pero que luego se irán animando, una buena barra, tapas y postres, y una carta de bocadillos y raciones apetecibles y a buen precio. Después de darle tres vueltas a la carta nos decantamos por el bocadillo cárnico. Don pepito con pimientos por un lado y bacon y compañía por el otro. En medio para compartir un plato de patatas McCain con su ketchup y su mahonesa.
— Me voy a lavar las manos que me doy un poco de autogrima.
Lavarse las manos sin jabón es como bailar sin música, así que me arreé dos buenos chifletazos de la cosa verde que llenaba el recipiente de la pared y nada más meter las manos debajo del agua ya noté la reacción. Una vaporada ácida y desinfectante me subió hasta la nariz obstruyendo tóxicamente mi ya maltrecho aparato respiratorio. Podía masticar aquel olor. Me aclaré rápidamente, pero cuanto más frotaba para quitarme la espuma más se metía la pasta verde dentro de mi piel.
A lo mejor al secarse se evaporan las moléculas tóxicas y se acabó el problema, — pensé esperanzado mientras metía las manos debajo del secador. Tres segundos duró el chorro de aire, aunque no me moví. Probé después de todas las maneras, en diagonal, los puños, abiertas, en ángulo de 90º, dando palmadas... pero el sensor no volvió a reconocer mis pestilentes pero ultra desinfectados apéndices como manos. Volví a la mesa fría. El bacon me sabía verde, el tomate me sabía verde, el queso y el huevo eran verdes, las patatas estaban verdes. Nunca había probado una Coca-Cola verde.
Es lo que tienen los bares de chinos, que son baratos pero que no cuidan los detalles importantes. O eso, o que no llevaba las manos tan sucias.
Posted @ 20:02 by — ¿Dónde vamos? ¿A la filmo?
— No, mejor vamos a picar algo a un bar de estos de abajo.
— Venga, pues, vámonos.
Asomamos el bigote al de las cuatro cosas: gambas, mejillones, navajas y morcilla. La mezcla no está mal, pero el local, muy blanco, y los ventanales enormes nos echan para atrás. No es cuestión de que todo el que suba o baje por el paseo vea cómo te chupas los dedos o cómo lames las conchas del mejillón hasta dejarlas secas. Cambiamos de acera. La Cervecería de la Plaza es un local amplio, luminoso, con muchas mesas, todas menos una vacías cuando llegamos pero que luego se irán animando, una buena barra, tapas y postres, y una carta de bocadillos y raciones apetecibles y a buen precio. Después de darle tres vueltas a la carta nos decantamos por el bocadillo cárnico. Don pepito con pimientos por un lado y bacon y compañía por el otro. En medio para compartir un plato de patatas McCain con su ketchup y su mahonesa.
— Me voy a lavar las manos que me doy un poco de autogrima.
Lavarse las manos sin jabón es como bailar sin música, así que me arreé dos buenos chifletazos de la cosa verde que llenaba el recipiente de la pared y nada más meter las manos debajo del agua ya noté la reacción. Una vaporada ácida y desinfectante me subió hasta la nariz obstruyendo tóxicamente mi ya maltrecho aparato respiratorio. Podía masticar aquel olor. Me aclaré rápidamente, pero cuanto más frotaba para quitarme la espuma más se metía la pasta verde dentro de mi piel.
A lo mejor al secarse se evaporan las moléculas tóxicas y se acabó el problema, — pensé esperanzado mientras metía las manos debajo del secador. Tres segundos duró el chorro de aire, aunque no me moví. Probé después de todas las maneras, en diagonal, los puños, abiertas, en ángulo de 90º, dando palmadas... pero el sensor no volvió a reconocer mis pestilentes pero ultra desinfectados apéndices como manos. Volví a la mesa fría. El bacon me sabía verde, el tomate me sabía verde, el queso y el huevo eran verdes, las patatas estaban verdes. Nunca había probado una Coca-Cola verde.
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Labels: curiosidades, personal
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January 07, 2012
Un sábado una foto
Últimamente la actividad en el blog se ha visto bruscamente reducida. Ni escribo ni cuento chistes ni historias, ni dibujo ni pinto ni nada de nada. Pero me gustaría al menos seguir con esa tradición que se remonta al lejano 2006 donde cada semana cambiaba el subtítulo del blog y la foto de la pizarra, el fondo del encabezamiento del blog.
La mecánica es sencilla: de lo que se lee durante la semana se elige una frase y después se va uno a flickr y busca una foto que, aunque de lejos, tenga algo que ver con la frase.
Las del año 2012 son estas:
Sábado 10 : 10 de marzo de 2012
Título: Liquid lunch.
Fotógrafo: Paul Henman.
Frase de la semana: ...un vaso de cerveza, una invitación a la que nunca he sabido resistirme.
Libro: Barry Lyndon.
Título: Sea..
Fotógrafo: MegMoggington.
Frase de la semana: ...y declaró que los ingleses eran la nación más lista en todo el mundo...
Libro: Barry Lyndon.
Título: Barbara&Henrijs.
Fotógrafo: rolands.lakis.
Frase de la semana: ¿A qué viene ahora que ella se sonroje y tú te eches a temblar?
Libro: Barry Lyndon.
Título: Halvfullt.
Fotógrafo: eirikso.
Frase de la semana: ...su percepción exacta de las cosas estaba un poco distorsonada por la cerveza.
Libro: La juguetería errante.
Título: Oxford in the snow.
Fotógrafo: simononly.
Frase de la semana: Si baja usted caminando la cuesta de ahí, se plantará en Oxford en medio minuto.
Libro: La juguetería errante.
Título: more newhaven.
Fotógrafo: heather buckley.
Frase de la semana: ...y me dejaba envolver por las sombras y el frío...
Libro: Mujer mirando al mar.
Título: Fishing_Dusty sunrise.
Fotógrafo: Michael Dawes.
Frase de la semana: ...un lugar desde el que contemplar la puesta de sol sobre el mar...
Libro: Mujer mirando al mar.
Título: 5-in-a-row = Bingo!.
Fotógrafo: stopherjones.
Frase de la semana: ...a la que no es ajena esa forma de magia a la que llamamos azar.
Libro: Los libros errantes.
Título: Table du Pain.
Fotógrafo: applejan.
Frase de la semana: Bueno, no quiero que se tome tanta molestia. Tomaré sólo media.
Libro: La dama de la furgoneta.
Título: Lobster on the Menu.
Fotógrafo: nateOne.
Frase de la semana: El pescador de langostas se equivocaba.
Libro: ¡Bum!.
Y las de los años anteriores se pueden ver aquí: 2011, 2010, 2009, 2008, 2007 y 2006.
Posted @ 16:08 by La mecánica es sencilla: de lo que se lee durante la semana se elige una frase y después se va uno a flickr y busca una foto que, aunque de lejos, tenga algo que ver con la frase.
Las del año 2012 son estas:
Sábado 10 : 10 de marzo de 2012
Título: Liquid lunch.
Fotógrafo: Paul Henman.
Frase de la semana: ...un vaso de cerveza, una invitación a la que nunca he sabido resistirme.
Libro: Barry Lyndon.
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Sábado 9 : 3 de marzo de 2012 Título: Sea..
Fotógrafo: MegMoggington.
Frase de la semana: ...y declaró que los ingleses eran la nación más lista en todo el mundo...
Libro: Barry Lyndon.
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Sábado 8 : 25 de febrero de 2012 Título: Barbara&Henrijs.
Fotógrafo: rolands.lakis.
Frase de la semana: ¿A qué viene ahora que ella se sonroje y tú te eches a temblar?
Libro: Barry Lyndon.
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Título: Halvfullt.
Fotógrafo: eirikso.
Frase de la semana: ...su percepción exacta de las cosas estaba un poco distorsonada por la cerveza.
Libro: La juguetería errante.
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Sábado 6 : 11 de febrero de 2012 Título: Oxford in the snow.
Fotógrafo: simononly.
Frase de la semana: Si baja usted caminando la cuesta de ahí, se plantará en Oxford en medio minuto.
Libro: La juguetería errante.
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Sábado 5 : 4 de febrero de 2012 Título: more newhaven.
Fotógrafo: heather buckley.
Frase de la semana: ...y me dejaba envolver por las sombras y el frío...
Libro: Mujer mirando al mar.
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Sábado 4 : 28 de enero de 2012 Título: Fishing_Dusty sunrise.
Fotógrafo: Michael Dawes.
Frase de la semana: ...un lugar desde el que contemplar la puesta de sol sobre el mar...
Libro: Mujer mirando al mar.
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Sábado 3 : 21 de enero de 2012 Título: 5-in-a-row = Bingo!.
Fotógrafo: stopherjones.
Frase de la semana: ...a la que no es ajena esa forma de magia a la que llamamos azar.
Libro: Los libros errantes.
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Sábado 2 : 14 de enero de 2012 Título: Table du Pain.
Fotógrafo: applejan.
Frase de la semana: Bueno, no quiero que se tome tanta molestia. Tomaré sólo media.
Libro: La dama de la furgoneta.
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Sábado 1 : 7 de enero de 2012 Título: Lobster on the Menu.
Fotógrafo: nateOne.
Frase de la semana: El pescador de langostas se equivocaba.
Libro: ¡Bum!.
Y las de los años anteriores se pueden ver aquí: 2011, 2010, 2009, 2008, 2007 y 2006.
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December 17, 2011
Re-sis-ti-mos
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November 15, 2011
50,00€ del ala
Hace casi cuatro años, cuando me compré la Toyota, lo primero que hice, como de gasolina te dan el coche con sólo cuatro gotas, fue subir a la gasolinera del Carrefour a llenar el depósito.
«Jefe, écheme cincuenta euros de diésel normal», le dije al fulano de Repsol. La manguera empezó a escupir carburante y los números del surtidor giraban y giraban frenéticamente, hasta que de repente ¡clack!, 35,40€. «Pues no caben cincuenta, ya ve usted», me dijo el gasolinero. «Coño, qué mal he quedado —pensé—, se va a creer este hombre que es la primera vez que echo gasolina en mi vida, o que me acabo de comprar el coche. O que soy gilipollas.»
Ayer, volviendo de trabajar, empezó a parpadear la reserva y en cinco mil metros bajamos de de 27 posibles kilómetros a recorrer a diecinueve, así que de vuelta a casa no me quedó más remedio que entrar en la primera, y única, gasolinera que vi, a llenar el tanque.
Descolgué la super cánula, la metí en el agujero practicado de fábrica a tal efecto en el lateral izquierdo del vehículo y apreté el gatillo con fuerza. El baile de número era de los más curioso, ya que el de los euros avanzaba mucho más deprisa que el de los litros. Cuando iba a llegar a los cuarenta y nueve euros —glurp, glurp, glurp— parece que la traquea de la Toyota no daba más de sí y que me iba a vomitar encima de un momento a otro. Solté el gatillo cinco segundo para que se relajara y cogiera aire y en cuanto se descuido... ¡zapa! volví a apretar hasta llegar a los cincuenta euros. ¡Qué satisfacción!
Han tenido que pasar cuatro años pero imagino que de tanto comer, parece que el estómago de la Toyota se ha ido ensanchando, porque de pequeño no me comía nada. Y me estaba empezando a preocupar.
Posted @ 23:26 by «Jefe, écheme cincuenta euros de diésel normal», le dije al fulano de Repsol. La manguera empezó a escupir carburante y los números del surtidor giraban y giraban frenéticamente, hasta que de repente ¡clack!, 35,40€. «Pues no caben cincuenta, ya ve usted», me dijo el gasolinero. «Coño, qué mal he quedado —pensé—, se va a creer este hombre que es la primera vez que echo gasolina en mi vida, o que me acabo de comprar el coche. O que soy gilipollas.»
Ayer, volviendo de trabajar, empezó a parpadear la reserva y en cinco mil metros bajamos de de 27 posibles kilómetros a recorrer a diecinueve, así que de vuelta a casa no me quedó más remedio que entrar en la primera, y única, gasolinera que vi, a llenar el tanque.
Descolgué la super cánula, la metí en el agujero practicado de fábrica a tal efecto en el lateral izquierdo del vehículo y apreté el gatillo con fuerza. El baile de número era de los más curioso, ya que el de los euros avanzaba mucho más deprisa que el de los litros. Cuando iba a llegar a los cuarenta y nueve euros —glurp, glurp, glurp— parece que la traquea de la Toyota no daba más de sí y que me iba a vomitar encima de un momento a otro. Solté el gatillo cinco segundo para que se relajara y cogiera aire y en cuanto se descuido... ¡zapa! volví a apretar hasta llegar a los cincuenta euros. ¡Qué satisfacción!
Han tenido que pasar cuatro años pero imagino que de tanto comer, parece que el estómago de la Toyota se ha ido ensanchando, porque de pequeño no me comía nada. Y me estaba empezando a preocupar.
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Quizá haya algún tesoro / muy dentro de mi entraña. / ¡Quién sabe si yo tengo / diamante en mi montaña / o tan sólo un pequeño pedazo de carbón! / Los árboles del bosque de mi isla / sois vosotros, mis versos.
Salen los niños alegres / de la escuela, / poniendo en el aire tibio / de abril canciones tiernas. / ¡Qué alegría tiene el hondo / silencio de la calleja! / Un silencio hecho pedazos / por risas de plata nueva.



















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